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lunes, 26 de junio de 2017

María Gómez Lara - Astillas - Poema

ASTILLAS
                                     Los verdaderos poemas son incendios
                                     VICENTE HUIDOBRO



voy frotando una astilla contra otra
y es inútil

no habrá fuego
en mis restos de madera

pude rescatar del naufragio
un trozo de leña

hueco de tormenta
atravesado por tanta agua salada

lo quebré
para inventar dos trizas que se juntan
dos chispas
que no estaban
el revés de un vacío un agujero

aquí sigo todavía estrellando mis astillas

nada que encender
y te haces humo
nada que apagar
y eres ceniza

miércoles, 21 de junio de 2017

Ecuador - Benjamín Prado - Poema

Ecuador

Hace falta la noche para ver las estrellas.

Igual que ayer, hoy busco -lo dijo Juan Ramón-
una verdad aún sin realidad;
busco en la tinta verde de todo lo que escribo
un planeta sin nombre o una jungla perdida.

Y hace falta la noche.

Yo me siento en las sombras,
prendo un fósforo,
tallo mis esmeraldas, construyo mis panales.
Todo es igual y todo es diferente.

La vida,
que fue un río,
es ahora un océano,
el pasado es la arena y el agua es el futuro.

Hace falta la noche.

Todo está en mí
lo mismo que un clavo en la madera:
cada paso en la nieve,
cada luz apagada,
cada piel encendida.

martes, 13 de junio de 2017

Irlanda - Jorge Luis Borges - Atlas

Irlanda

J.L.Borges
"Atlas" (1986)

Antiguas sombras generosas no quieren que yo perciba a Irlanda o que agradablemente la perciba de un modo histórico. Esas sombras se llaman el Erígena, para quien toda nuestra historia es un largo sueño de Dios, que al fin volverá a Dios, doctrina que asimismo declaran el drama Back to Methuselah y el famoso poema «Ce que dit la Bouche d'Ombre» de Hugo; se llaman también George Berkeley, que juzgó que Dios está minuciosamente soñándonos y que si despertara de su sueño desaparecerían el cielo y la tierra, como si despertara el Rey Rojo; se llaman Oscar Wilde, que de un destino no sin infortunio y deshonra ha dejado una obra, que es feliz e inocente como la mañana o el agua. Pienso en Wellington, que, después de la jornada de Waterloo, sintió que una victoria no es menos terrible que una derrota. Pienso en dos máximos poetas barrocos, Yeats y Joyce, que usaron la prosa o el verso para un mismo fin, la belleza. Pienso en George Moore, que en «Ave atque Vale» creó un nuevo género literario, lo cual no importa, pero lo hizo deliciosamente, lo cual es mucho. Esas vastas sombras se interponen entre lo mucho que recuerdo y lo poco que pude percibir en dos o tres días poblados, como todos, de circunstancias.

De todas ellas la más vívida es la Torre Redonda que no vi pero que mis manos tantearon, donde monjes bienhechores salvaron para nosotros en duros tiempos el griego y el latín, es decir, la cultura. Para mí Irlanda es un país de gente esencialmente buena, naturalmente cristiana, arrebatados por la curiosa pasión de ser incesantemente irlandeses.

Caminé por las calles que recorrieron, y siguen recorriendo, todos los habitantes de Ulysses.


jueves, 8 de junio de 2017

Ce que dit la bouche d'ombre (Lo que dice la boca de sombra) - Victor Hugo

Ce que dit la bouche d'ombre (II)

Espérez ! espérez ! espérez, misérables !
Pas de deuil infini, pas de maux incurables,
Pas d'enfer éternel !
Les douleurs vont à Dieu, comme la flèche aux cibles ;
Les bonnes actions sont les gonds invisibles
De la porte du ciel.

Le deuil est la vertu, le remords est le pôle
Des monstres garrottés dont le gouffre est la geôle ;
Quand, devant Jéhovah,
Un vivant reste pur dans les ombres charnelles,
La mort, ange attendri, rapporte ses deux ailes
A l'homme qui s'en va.

Les enfers se refont édens ; c'est là leur tâche.
Tout globe est un oiseau que le mal tient et lâche.
Vivants, je vous le dis,
Les vertus, parmi vous, font ce labeur auguste
D'augmenter sur vos fronts le ciel ; quiconque est juste
Travaille au paradis.

L'heure approche. Espérez. Rallumez l'âme éteinte !
Aimez-vous ! aimez-vous ! car c'est la chaleur sainte,
C'est le feu du vrai jour.
Le sombre univers, froid, glacé, pesant, réclame
La sublimation de l'être par la flamme,
De l'homme par l'amour !

Déjà, dans l'océan d'ombre que Dieu domine,
L'archipel ténébreux des bagnes s'illumine ;
Dieu, c'est le grand aimant ;
Et les globes, ouvrant leur sinistre prunelle,
Vers les immensités de l'aurore éternelle
Se tournent lentement.

Oh ! comme vont chanter toutes les harmonies,
Comme rayonneront dans les sphères bénies
Les faces de clarté,
Comme les firmaments se fondront en délires,
Comme tressailleront toutes les grandes lyres
De la sérénité,

Quand, du monstre matière ouvrant toutes les serres,
Faisant évanouir en splendeurs les misères,
Changeant l'absinthe en miel,
Inondant de beauté la nuit diminuée,
Ainsi que le soleil tire à lui la nuée
Et l'emplit d'arcs-en-ciel,

Dieu, de son regard fixe attirant les ténèbres,
Voyant vers lui, du fond des cloaques funèbres
Où le mal le pria,
Monter l'énormité bégayant des louanges,
Fera rentrer, parmi les univers archanges,
L'univers paria !

On verra palpiter les fanges éclairées,
Et briller les laideurs les plus désespérées
Au faîte le plus haut,
L'araignée éclatante au seuil des bleus pilastres
Luire, et se redresser, portant des épis d'astres,
La paille du cachot !

La clarté montera dans tout comme une sève ;
On verra rayonner au front du boeuf qui rêve
Le céleste croissant ;
Le charnier chantera dans l'horreur qui l'encombre,
Et sur tous les fumiers apparaîtra dans l'ombre
Un Job resplendissant !

O disparition de l'antique anathème !
La profondeur disant à la hauteur : Je t'aime !
O retour du banni !
Quel éblouissement au fond des cieux sublimes !
Quel surcroît de clarté que l'ombre des abîmes
S'écriant : Sois béni !

On verra le troupeau des hydres formidables
Sortir, monter du fond des brumes insondables
Et se transfîgurer ;
Des étoiles éclore aux trous noirs de leurs crânes,
Dieu juste ! et par degrés devenant diaphanes,
Les monstres s'azurer !

Ils viendront, sans pouvoir ni parler ni répondre,
Éperdus ! on verra des auréoles fondre
Les cornes de leur front ;
Ils tiendront dans leur griffe, au milieu des cieux calmes,
Des rayons frissonnants semblables à des palmes ;
Les gueules baiseront !

Ils viendront ! ils viendront, tremblants, brisés d'extase,
Chacun d'eux débordant de sanglots comme un vase,
Mais pourtant sans effroi ;
On leur tendra les bras de la haute demeure,
Et Jésus, se penchant sur Bélial qui pleure,
Lui dira : C'est donc toi !

Et vers Dieu par la main il conduira ce frère !
Et, quand ils seront près des degrés de lumière
Par nous seuls aperçus,
Tous deux seront si beaux, que Dieu dont l'oeil flamboie
Ne pourra distinguer, père ébloui de joie,
Bélial de Jésus !

Tout sera dit. Le mal expirera ; les larmes
Tariront ; plus de fers, plus de deuils, plus d'alarmes ;
L'affreux gouffre inclément
Cessera d'être sourd, et bégaiera : Qu'entends-je ?
Les douleurs finiront dans toute l'ombre ; un ange
Criera : Commencement !



Les contemplations

lunes, 5 de junio de 2017

Stirt um stef - Hjálmar Jónsson frá Bólu - Islandia

Stirt um stef     

Mér er orðið stirt um stef
og stílvopn laust í höndum,
í langnættinu lítið sef,
ljós í myrkri ekkert hef,
kaldur titra, krepptur gigtar böndum.

Húmar að mér hinsta kvöld,
horfi eg fram á veginn,
gröfin móti gapir köld,
gref ég á minn vonarskjöld
rúnir þær er ráðast hinumegin.


Hjálmar Jónsson frá Bólu
1796 - 1875


- brot úr kvæði -

En mi ultima noche humana, 
miro hacia adelante, 
me resguardo del frío en mi tumba,
y en el escudo de mi esperanza 
Grabo las runas que serán oídas en el más allá

sábado, 27 de mayo de 2017

Entrevista de César Hildebrandt al poeta Juan Gonzalo Rose

Entrevista de César Hildebrandt al poeta Juan Gonzalo Rose. Publicada en Caretas, Lima el 10 de marzo de 1980.

Usted ha dicho, desgarradoramente, que las fuerzas creadoras lo han abandonado, pero que todavía espera  un milagro
Es una manera de expresar una esperanza, dictada sobre todo por el sentimiento. Porque, racionalmente, yo me doy cuenta de que mis posibilidades de creación están agotadas.
Yo me he preguntado muchas veces, Juan Gonzalo, qué fue lo que lo quebró. En un poema de Las comarcas usted dice: «pero el gran desamor, sólo noches oscuras acarrea…». ¿Fue eso? ¿Fue la soledad?
Sí, en parte… Pero hay otros factores. En primer lugar, naturalmente, el tiempo: tengo 52 años. Luego, esa soledad a la que nos hemos referido y que en mi caso es muy especial… Porque desde hace cuatro años yo padezco de depresión. Esta depresión me conduce a encerrarme en mi cuarto, y pasan semanas y semanas y yo no converso con nadie. De tal modo que, faltándome la experiencia, no hay material para la creación. Toda creación se nutre de vivencias…
El país, Juan Gonzalo, nuestra realidad, ¿tienen que ver con su tristeza?
Creo que es posible. Sin duda el clima político influye.
No sólo el clima político. Me refería al maltrato sistemático que este país administra a sus poetas, a sus músicos, a lo mejor de su gente en muchos casos…
Sí, El sentirse no estimulado, el sentirse siempre prescindible, esta especia de ofensiva muchas veces silenciosa, tienen que ver con mi depresión pero también influyen otros factores. Por ejemplo, el doctor Mariátegui me decía que a mí me hace mucho daño no tener ninguna seguridad económica. Esto es cierto… He llegado a la edad que he llegado y yo vivo mantenido por mi madre… Mi madre me da techo y comida, pero a eso no se puede reducir la existencia. De tal manera que me ayudo con esporádicos artículos periodísticos… Y mi madre ya es una mujer que ya tiene sus 80 años. Desgraciadamente, no va a ser muy largo el plazo de su vida…
¿Usted fue despedido del Instituto Nacional de Cultura, ¿verdad?
Sí.
¿Durante la gestión del señor Abril de Vivero?
Así es.
¿Por qué lo despidieron?
No me dieron ninguna explicación.
¿Cuánto ganaba?
Diez mil soles.
Usted ha nombrado el insomnio de varias maneras en su poesía: los embarcaderos del insomnio, las candelas azules del insomnio, las altas guaridas del insomnio. ¿Sigue siendo, ahora, un malestar?
En la actualidad tomo pastillas para dormir… Me surten algún efecto… Pero hace tres meses que sufro de un dolor muy agudo a los pies. Es una neuritis… Yo quisiera aprovechar esto para manifestar mi gratitud a algunas personas como Tania Libertad, y a su esposo, el poeta Francisco García, que me está pagando un tratamiento de acupuntura… También quiero agradecer a Chabuca Granda, que me está ayudando mucho moral y materialmente…
Todos quienes han seguido su itinerario poético han observado el paso de esa poesía social y militante de sus comienzos a la poesía confesional y padecida de su época madura. ¿Recuerda cuando escribió: «continúa el partido su vigilia cual un hermano pensativo y grande…»
Sí. Recuerdo…
Me pregunto su el gesto de haber dejado creencias y partido en el camino no tiene que ver con su melancolía…
Yo creo que sí. Como usted sabe, en mi juventud yo adopté una posición política de combate…
¿Por qué la abandonó?
Lo que motivó mi incursión a la política fue, más bien, un espíritu romántico… En realidad, nunca me atrajo la vida partidaria, que suele ser burocrática…
¿Usted fue comunista, verdad?
Sí.
Y antes había sido aprista…
Bueno, eso no. Lo que pasa es que fui elegido miembro de la Federación de Estudiantes del Perú con votos apristas. Pero no milité en el APRA…
¿Es definitivamente cierto aquello de que Haya le dijo alguna vez: «Usted fue aprista» y usted le respondió: «Y usted también…»? Creo que ocurrió en México, ¿o me equivoco?
Ocurrió en Lima, en el local de Alfonso Ugarte…
¿Y cómo reaccionó Haya?
Comenzó a hablar de otra cosa, un poco molesto… Haya no tenía mucho sentido del humor. Yo lo traté en cuatro o cinco oportunidades…
¿Qué recuerdos conserva de él?
Desde lejos, visto desde la perspectiva de los mítines, exhibía otro tipo de virtudes. Pero, de cerca, en una conversación, transmitía una imagen de bondad… Claro que no era el gran conversador que dicen. No suscitaba el diálogo. Era, más bien, monologante. Y nunca hablamos de política. El tema principal de estas charlas, a las que me introdujo Carlos Tosi, era una cuestión esotérica…
¿Qué era aquello?
Haya vivía obsedido por la existencia del alma. Él decía que el alma no abandona al cuerpo una vez producida la muerte sino que ella subsiste, teniendo conciencia de identidad, durante un tiempo, que puede ser corto o largo – y esto depende de la densidad del alma –. Y decía que hay almas que demoran mucho en percibir que ya no tienen identidad y que cuando adquieren esta conciencia de su no identidad recién es que se disuelven del todo… Al principio me pareció que Haya hacía de esto un tema atractivo de conversación, pero después me convencí de que él pensaba seriamente en estas cosas. Contaba mucho de su viaje por el Tíbet y, en realidad, estaba fascinado por todas esas cuestiones esotéricas…
Usted se afirma hoy como cristiano pero hay en su poesía palabras tan duras contra esta eclesiástica herencia española y, si no me equivoco, en algún poema, usted imagino la posibilidad de una catedral hecha para los que no oyeron… ¿Qué clase de refugio es el cristianismo?
Es difícil creerlo… Uno puede, a la edad que tengo, ser víctima de espejismos… No creo, sin embargo, que el cristianismo sea sólo como la tabla de salvación de un náufrago. Es algo más sereno… Alguna vez yo le hice para Caretas precisamente,  una entrevista a Fellini y le pregunté respecto a Dios y él me dijo que la condición natural del hombre frente a Dios la duda. Así es. El cristianismo tiene momentos de vacilación. No es la fe del carbonero…
Hablemos algo de su poesía. ¿Por qué desestimó a «La luz armada» del tomo de su poesía completa? ¿Le pareció una poesía social demasiado fácil?
Muy ingenua, sumamente ingenua…
Y usted suele ser desleal con esa ingenuidad que algunos estimamos… Usted depuró aquel poema «Las cartas secuestradas», que ahora tiene, por eso, dos versiones. ¿Por qué lo hizo?
Creo que sólo he cambiado las líneas finales. En la antigua versión, decía: también de palomar se muere un hombre cuando sabe vivir por una carta…
¿Por qué lo cambió?
Porque me parecía un poco cursi…
Quizá sea usted el único poeta de su importancia que pueda hablar con tanta irreverencia de su propia obra. ¿Ha escrito otras cosas que ahora considere cursi?
Parte de Las comarcas tiene mucho de cursilería. Hay una exuberancia verbal que no me gusta…
En un hermoso programa hecho para la televisión, y por supuesto hostilizado por algunos comerciantes, Tania Libertad le pregunta a usted quién fue Marisel. Y usted no responde. ¿Podrìa responder ahora?
Es que Marisel no es una persona concreta. Es la amada ideal que todos tenemos. No es un ser de carne y hueso…
Pero hubo amadas de carne y hueso. Usted tuvo una hija…
Sí. Ella vive en México.
¿La ve?
No. Nos hemos escrito alguna vez.
¿Es usted, como ha escrito Mario Vargas Llosa, el hombre que trata de rescatar al niño desesperado y jubiloso que alguna vez fue?
En algunos versos sí hay, en efecto, algo de nostalgia por la adolescencia perdida,  por la niñez perdida…
Pero quizá más que de edades podríamos hablar de inocencia…
Exactamente…
Porque en su poesía su infancia no aparece sino como la imagen de un chico melancólico que se internaba por ciertos arenales. Es decir, no creo que usted haya sido un niño feliz…
Tiene usted razón…
¿Alguna vez ha sido usted feliz, Juan Gonzalo?
No. No he conocido lo que es la verdadera felicidad.
¿No la buscó?
Todos la buscamos. No he tenido la oportunidad de encontrarla.
¿Cómo la hubiera encontrado?
En compañía de alguien que me entendiera.
¿Nunca llegó ese alguien?
No.
¿No es una visión muy deprimida?
La verdad es que en lo amorosa nunca pudo alcanzar una verdadera estabilidad. Fue mi juventud extremadamente bohemia…
En un poema destinado a León Felipe usted lo invoca: si a cantar, cantador, nos enseñaste, enséñanos, varón, cómo se calla. Es hermoso que usted persista en no callar…
Callar es en ese poema sinónimo de morir.
Y usted tiene una relación familiar con la muerte…
Sí, es una de mis obsesiones, una de mis obsesiones crepusculares.
¿Alguna vez intentó matarse, Juan Gonzalo?
Sí. Una vez… Tomé una cantidad de barbitúricos que considere que iba a ser suficiente…
¿En qué momento de su vida ocurrió?
Eso fue cuando trabajaba en Expreso… Vivía una gran soledad, alejado de mis padres; tenía un pequeño departamento en el edificio Ritz… Había tenido una ruptura sentimental…
Tomaba mucho en esa época, ¿verdad?
Bebía mucho, sí. Yo he tenido una juventud alcohólica, de la que felizmente he logrado alejarme. Fue una batalla bastante dura.
¿Ha pensado que la dependencia emocional respecto de sus padres contribuyó a sellar su carácter, a fomentar su fragilidad?
Sí. Yo creo que esa dependencia lo hace a uno poco inerme. Yo he tratado de librarme de esa dependencia viviendo solo cada vez que he podido, viajando…
Comparando a la luciérnaga con el hombre, usted ha escrito: «Pues caso estimable es el bicho, que más alumbra cuanto más se muere… Y no del hombre, que se opaca a pocos y es mucho más obscuro cuando dura…». Suena terrible, la verdad…
Sí, efectivamente: es el verso más amargo que yo he escrito en mi vida. Es un rechazo a la vejez sobre todo…
¿Qué es lo que más rechaza de la vejez?
Nos hace demasiado conscientes… Yo estaba acostumbrado, en mi juventud, a dejar ue el azar participara de mi vida. Se pierde el sabor de la aventura. Todo es tan meditado. Se aproxima así uno a la muerte… Y conste que yo no soy una persona que piensa en la muerte como la tentación del descanso. No tengo miedo a la muerte. No voto en contra de la muerte…
Habla usted de descansar. ¿Qué es aquello de lo que más quisiera descansar, Juan Gonzalo?
De la monotonía en la que se ha convertido mi vida, del estar encerrado en mi cuarto… Yo soy una persona curiosa: no voy al cinema, no veo televisión, no escucho música, no leo, no escribo. Yo no sé qué hago con mi tiempo, es totalmente un vacío… Todo me molesta, me repele…
¿Le molesta estar en este momento hablando de sí mismo como lo está haciendo?
No… Porque es una catarsis…
¿Teme algo de especial manera?
Sí… Me da miedo que , de agravarse este círculo de circunstancias adversas en que me muevo… Tengo pánico de retornar al alcoholismo. Sé que sería irremediable…
¿No le gustó el éxito alguna vez, no lo gratificó? Es decir, ¿también le disgustó el éxito?
No me disgustó… Lo que pasa es que se produce una suerte de desdoblamiento. Pareciera que es otra persona la que recibe esos éxitos y no uno. Yo lo he sentido siempre así. Los éxitos me daban alguna satisfacción pero yo notaba que mi verdadero animal estaba un poco distanciado de ese otro triunfador…
¿Por qué no se aceptó un poco? ¿Por qué se combatió tanto?
Creo que, en lo fundamental, yo me acepté a mí mismo. Lo que pasa es que no estoy conforme con el papel que me ha tocado en la comedia…
¿Cómo definiría ese papel?
Me hubiera gustado ser alguien más útil… Con toda sinceridad, yo siento, ahora que el arte es algo totalmente inútil, que no tiene ningún sentido: la poesía, la música… Al único arte al que le sigo guardando respeto es al teatro…
¿Pero usted cree que su poesía no sirve? ¿Usted cree que no conmueve, que no enriquece? Como lector le diría, cordialmente, que usted está diciendo una barbaridad…
Tal vez, pero nos leen tan pocos… En un tiempo yo tomaba parte en muchos recitales. En ese tiempo sí sentí que estaba haciendo algo por los otros… Pero con los libros el contacto con la gente es nulo… Además hay otras objeciones. El poeta tiende a hablar demasiado de si mismo…
O a ocultarse…
O a ocultarse. Pero yo creo haber hablado bastante de mí mismo…
Pero de varios Juan Gonzalos: del derrotado y del esperanzado, del depresivo, del eufórico…
Mi poesía es tan heterogénea, ¿no?
Hay mutaciones…
Así es.
¿En qué mutación anda ahora, Juan Gonzalo?
Ahora estoy inmutable…
No puedo creer que usted no conserve alguna esperanza…
Solamente extraterrena. Aquí el mundo… no tengo ninguna esperanza. Quizá suene cursi, pero lo único que espero es la salvación de mi alma… Yo soy un cristiano convencido. Creo en la compasión de Dios…
No cree en la de los hombres, ¿verdad?
No.
Me pregunto si usted sería tan triste si no hubiera conocido el exilio y la soledad, Es decir, me pregunto si su vida afectiva podría haber sido otra de no mediar algunas circunstancias…
Indudablemente hay circunstancias que influyen mucho y aquella del exilio, es cierto, fue importante para mí. Pero yo creo, más bien, que en la semilla, que en el espíritu, está la derrota esperando. Las circunstancias trabajan una arcilla ya hecha, ya cuajada. En esa arcilla ya estaba escrita la derrota… Yo nací para ser derrotado. En mis encierros me he preguntado muchas veces por qué, pero la verdad es que no he podido nunca encontrar una respuesta…
Creo que usted debe haber escrito estas palabras durante uno de sus encierros voluntarios: estoy tan triste ahora que si alguien se acercase, me amaría…
Sí, eso pertenece a Retorno a mi cuarto. Lo escribiría de nuevo…

miércoles, 24 de mayo de 2017

Otro recado para Javier Wong - César Calvo

Otro recado para Javier Wong

Nosotros hemos hecho ,
de dìa en dìa
el tiempo.

Todo el tiempo.

De làgrima
en làgrima
y de viento
en viento:
los mares
los planetas.

De hoja en hoja
los libros
y los bosques.

Nosotros hemos hecho, de nada
en nada ,
todo.

Porque lo hicimos
juntos , distantes
pero juntos
y lejos del olvido.

No hemos hecho las calles
de este mundo
para que el tiempo pase
sin recuerdos.


Cèsar Calvo
En Barcelona el 16 de Diciembre de 1998