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sábado, 8 de noviembre de 2025

Apellido Henríquez en Pataz Perú

 Apellido Henriquez en Pataz

La primera mención al apellido Henriquez en Pataz se encuentra en la Familia Henriquez del Castillo, cuyos padres fueron Fabian Enriquez De Miranda Y Santibañez (1685–1740) y Maria Josefa Del Castillo Acosta (1690), teniendo como hijos a Maria Magdalena Josefa Enriquez (1709–1777), Andres Henrriquez del Castillo, Calisto Enriquez Del Castillo, Josefa Enriquez Del Castillo, Manuel Enriquez Del Castillo, Rosa Enriquez Del Castillo, Valentina Enriquez Del Castillo

Posteriormente aparece en Pataz el nombre de Manuela Morales y Henriquez de Saldaña, hija de Rosa Henríquez de Saldaña y de Cristóbal Amador Morales, casada con Pedro Joaquin de la Colina y Santisteban, padres de Narciso Antonio Joaquin de la Colina y Morales.

Otros personas con el apellido Henriquez que figuran en los registros son:

Gabriel Henriquez, casado con Paula Lozano, que tuvieron como hija a Paula Henriquez Lozano, quien a su vez se casó con Francisco Terri y tuvieron como hija a Rumalda Terri Henriquez (1812), casada con Juan Bautista Aro López (1800–1893)

Ricardo Haro Henriquez (1849–1921), hijo de Manuel Haro y Gregoria Henriquez, casado con Lucinda Mendieta, que tuvieron como hijos a Eriberto Haro Mendieta (1882), Ruben Haro Mendieta (1886), Felicita Haro Mendieta (1894–1936).

Hermenegildo Henríquez Franco (1858), casado con Isabel Vidal, sus hijos fueron Héctor Henríquez Vidal (1879–1959), Legardo Segundo Henríquez Vidal (1882), Edilberto Henriquez Vidal.

Juan Evangelista Henríquez Vigo 1860, casado con Rosenda Castañeda Malla (1870), tuvieron como hijos a Eleodoro Henríquez Castañeda (1896–1955), Rosa Veraniz Henríquez Castañeda (1900–1987), Bellermina Henríquez Castañeda (1908–1949), Samuel Henríquez Castañeda (1911)

Hermenegildo Henríquez Lozano (1870), casado con Margarita Franco Haro (1878–1950), tuvieron como hijos a Hermenegildo Henriquez Franco (1898–1976), Donatilda Henriquez Franco (1899–1973), Idelza Henriquez Franco (1923)

Lucindo Campos Enriquez, casado con Maria Argomedo Gadea, tuvieron como hijos a Auristela Campos Argomedo (1900–1970), Ramón Campos Argomedo (1903), Hermelinda Campos Argomedo.

Maximiano HENRIQUEZ Polo, casado con Candelaria QUIJANO Espinoza, que tuvieron como hijos a Maria Concepcion HENRIQUEZ Quijano (1920–2011), Auristela Romelia Henriquez Quijano (1927), Candelaria Olinda Henriquez Quijano

Chepa Henríquez Polo, casada con Tiburcio Argomedo Toro, padres de Celestino Henriquez Argomedo, casado con Norberta Quijano Espinoza, sus hijos fueron Eustrafilia Henriquez Quijano, Tobías Henríquez Quijano y Virgilio Henriquez Quijano

domingo, 16 de octubre de 2022

Apellido Haro en el Perú

 

Significado :

Haro es un apellido de origen vasco, propio de los señores de Vizcaya. Tiene como tronco a don Diego Lopez de Haro, el blanco, VIII Señor de vizcaya, de Haro, Alava, Najera, Buradón y Grañón.


Historia en el Perú 


Los Haro en el Perú al parecer se establecieron en Huánuco, siendo uno de los más conocidos en llevar ese apellido en esa región el procer de la Independencia en Huanuco Norberto Haro, para después expandirse por la sierra de la Libertad, en especial en la ciudad de Buldibuyo.

Otra hipótesis es que los Haro de Buldibuyo habrían venido de Chachapoyas, según lo señala Edmundo Haro Valverde en su libro Soy forastero en mi pueblo, siendo originalmente el apellido De Haro, habiéndose omitido el De con el tiempo.


Uno de las personas más antiguas con el apellido Haro en Buldibuyo es Juan de Haro López, nacido aproximadamente en 1800, hijo de José Maria de Haro y Maria López, casado con Romualda Terry Henríquez, quienes tuvieron como hijos a Amadeo, Manuela, Jacoba, Marcela, Toribio, pero es posible que hayan tenido más hijos.

También existen personas con el apellido Haro en Tayabamba, entre los que destaca Pascual Haro Fernández (nacido aproxidamente entre 1850 a 1860) casado con Mauricia Domínguez, quienes tuvieron como hijos a Salomón, Ernesto, Donatilde, Juan. Ernesto Haro Domínguez tendría como hijo a Edmundo Haro Valverde, famoso escritor, además es abuelo de Helder Domínguez Haro, miembro del Tribunal Constitucional

En Buldibuyo también nació Ricardo Haro Henríquez en 1849, quién fue hijo de Manuel Haro y Gregoria Henríquez, teniendo como esposa a Lucinda Mendieta y como hijos a Heriberto, Rubén y Felícita.

En el caso de mi familia el ancestro más antiguo que hemos podido ubicar es nuestro bisabuelo Carlos Haro, casado con Hermelinda Campos Argomedo, quien tuvo como hijo a Lucindo Haro Campos, pudiendo ubicar su árbol genealógico en  https://www.familysearch.org/tree/person/vitals/G658-3N8





jueves, 2 de mayo de 2019

Poema Si - If - Rudyard Kipling

Si… 

Si puedes mantener la cabeza cuando todo a tu alrededor
pierde la suya y te culpan por ello;
Si puedes confiar en ti mismo cuando todos dudan de ti,
pero admites también sus dudas;
Si puedes esperar sin cansarte en la espera,
o, siendo engañado, no pagar con mentiras,
o, siendo odiado, no dar lugar al odio,
y sin embargo no parecer demasiado bueno, ni hablar demasiado sabiamente;

Si puedes soñar-y no hacer de los sueños tu maestro;
Si puedes pensar-y no hacer de los pensamientos tu objetivo;
Si puedes encontrarte con el triunfo y el desastre
y tratar a esos dos impostores exactamente igual,
Si puedes soportar oír la verdad que has dicho
retorcida por malvados para hacer una trampa para tontos,
O ver rotas las cosas que has puesto en tu vida
y agacharte y reconstruirlas con herramientas desgastadas;

Si puedes hacer un montón con todas tus ganancias
y arriesgarlo a un golpe de azar,
y perder, y empezar de nuevo desde el principio
y no decir nunca una palabra acerca de tu pérdida;
Si puedes forzar tu corazón y nervios y tendones
para jugar tu turno mucho tiempo después de que se hayan gastado
y así mantenerte cuando no queda nada dentro de ti
excepto la Voluntad que les dice: “¡Resistid!”

Si puedes hablar con multitudes y mantener tu virtud
o pasear con reyes y no perder el sentido común;
Si ni los enemigos ni los queridos amigos pueden herirte;
Si todos cuentan contigo, pero ninguno demasiado;
Si puedes llenar el minuto inolvidable
con un recorrido de sesenta valiosos segundos.
Tuya es la Tierra y todo lo que contiene,
y —lo que es más— ¡serás un Hombre, hijo mío!

If…

If you can keep your head when all about you
Are losing theirs and blaming it on you;
If you can trust yourself when all men doubt you,
But make allowance for their doubting too;
If you can wait and not be tired by waiting,
Or, being lied about, don’t deal in lies,
Or, being hated, don’t give way to hating,
And yet don’t look too good, nor talk too wise;

If you can dream – and not make dreams your master;
If you can think – and not make thoughts your aim;
If you can meet with triumph and disaster
And treat those two imposters just the same;
If you can bear to hear the truth you’ve spoken
Twisted by knaves to make a trap for fools,
Or watch the things you gave your life to broken,
And stoop and build ‘em up with wornout tools;

If you can make one heap of all your winnings
And risk it on one turn of pitch-and-toss,
And lose, and start again at your beginnings
And never breath a word about your loss;
If you can force your heart and nerve and sinew
To serve your turn long after they are gone,
And so hold on when there is nothing in you
Except the Will which says to them: “Hold on”;

If you can talk with crowds and keep your virtue,
Or walk with kings – nor lose the common touch;
If neither foes nor loving friends can hurt you;
If all men count with you, but none too much;
If you can fill the unforgiving minute
With sixty seconds’ worth of distance run –
Yours is the Earth and everything that’s in it,
And – which is more – you’ll be a Man my son!

Rudyard Kipling

martes, 23 de enero de 2018

COMO DESCUBRÍ AL SUPERHOMBRE - How I Found the Superman - G. K. Chesterton

COMO DESCUBRÍ AL SUPERHOMBRE

A los lectores de Bernard Shaw y de otros escritores modernos les interesará la noticia del descubrimiento del Superhombre. Yo lo descubrí: vive en South-Croydon. Mi hallazgo será un severo desengaño para Mr. Shaw, que ha seguido una pista falsa y anda buscándolo por Black-pool; y en cuanto a la esperanza de Mr. Wells de producirlo, a base de cuerpos gaseosos, en un laboratorio particular, siempre la creí predestinada al fracaso. Afirmo que el Superhombre de Croydon nació de una manera normal, aunque, por supuesto, él no tiene nada de normal.
Sus padres no son indignos del ser prodigioso que han dado al mundo. El nombre de Lady Hypatia Smythe-Browne (ahora Lady Hypatia Hagg) nunca será olvidado en los barrios pobres, tan atendidos por su benéfico celo. Su constante grito de Salvad a los niños fustigaba la negligencia cruel de quienes permiten al niño la posesión de juguetes de color vivo, pernicioso para la vista. Alegaba estadísticas irrefutables que demostraban que los niños a quienes no les vedan el espectáculo del violeta y del bermellón propenden muchas veces a la miopía en la extrema vejez; y a su cruzada infatigable se debe que el azote de las bolitas casi fuera barrido de las casas de inquilinato. La abnegada señora recorría las calles de sol a sol quitando los juguetes a los niños pobres, bondad que les llenaba los ojos de lágrimas. Su obra fue interrumpida, en parte por su nuevo interés en la religión de Zoroastro, en parte por un paraguazo feroz. Se lo infirió una disoluta verdulera irlandesa, que, al regresar de alguna orgía, se encontró en su dormitorio insalubre con Lady Hypatia descolgando una oleografía vulgar, cuya influencia, para no decir otra cosa, no podía ser edificante. La celta, analfabeta y alcoholizada, no sólo agredió a su bienhechora, sino que la acusó de robo. La mente, exquisitamente equilibrada, de Lady Hypatia, padeció un eclipse transitorio, durante el cual contrajo enlace con el doctor Hagg.
Hablar del doctor Hagg es innecesario. Quienes tengan la más leve noticia de esos atrevidos experimentos de Eugenesia Neo-Individualista, que constituyen la preocupación esencial de la democracia británica, sin duda conocen su nombre y lo han encomendado más de una vez a la protección personal de una Entidad impersonal. Desde muy joven aplicó a la historia de la religión su vasta y sólida cultura de ingeniero electricista. Poco después era uno de nuestros geólogos más ilustres, y logró esa clara visión del porvenir del socialismo, que es patrimonio de los geólogos. Al principio pareció advertirse una grieta, fina pero visible, entre sus opiniones y las de su aristocrática esposa. Ella era partidaria (para decirlo con su poderoso epigrama) de proteger a los pobres contra sí mismos; él sostenía, con una nueva y vigorosa metáfora, que en la lucha por la vida el triunfo debía adjudicarse a los triunfadores. Los dos, sin embargo, acabaron por percibir que sus respectivas opiniones eran inequívocamente modernas y en este luminoso adjetivo sus almas encontraron la paz. El resultado es que la unión de los dos tipos más altos de nuestra cultura, la gran dama y el hombre de ciencia autodidacto, fue bendecida por el nacimiento del Superhombre, del ser que aguardan día y noche todos los obreros de Battersea.
Encontré, sin mayor dificultad, la casa del doctor Hagg: está ubicada en una de las últimas calles de Croydon y la domina una fila de álamos. Llegué a la hora del crepúsculo y es comprensible que me pareciera advertir algo oscuro y monstruoso en la indefinida mole de aquella casa que hospedaba a un ser más prodigioso que todos los seres humanos. Fui recibido con exquisita cortesía por Lady Hypatia y su esposo, pero no vi en seguida al Superhornbre, que ya ha cumplido los quince años y vive solo en una pieza apartada. Mi diálogo con los padres no aclaró del todo la naturaleza de esa misteriosa criatura. Lady Hypatia, que tiene un rostro pálido y ansioso, ostentaba esos grises y medias tintas con los que ha dado alegría a tantos hogares pobres en Hoxton. No habia del fruto de su vientre con la vanidad vulgar de una madre humana. Tomé una decisión audaz y pregunté si el Superhombre era lindo.
-Crea su propio canon, como usted sabe -respondió con un leve suspiro-. En ese plano es más bello que Apolo. Desde nuestro plano inferior, por supuesto... -y volvió a suspirar.
Tuve un horrible impulso y dije de golpe: -¿Tiene pelo?
Hubo un silencio largo y penoso. El doctor Hagg dijo con suavidad:
-Todo en ese plano es distinto: lo que tiene no es... lo que nosotros llamaríamos pelo, aunque...
-¿No te parece -murmuró su mujer-, no te parece que, para evitar discusiones, conviene llamarlo pelo, cuando uno se dirige al gran público?
-Quizá tengas razón -dijo el doctor, después de un instante-. Tratándose de pelo como ése hay que hablar en parábolas.
-Bueno, ¿qué diablos es -pregunté con alguna irritación- si no es pelo? ¿Son plumas?
-No plumas, según nuestro concepto de plumas -contestó Hagg con una voz terrible.
Me levanté, impaciente.
-Sea como fuere, ¿puedo verlo? -pregunté-. Soy periodista y sólo me traen aquí la curiosidad y la vanidad personal. Me gustaría decir que he estrechado la mano del Superhombre.
Marido y mujer también estaban de pie, muy incómodos.
-Bueno, usted comprenderá -dijo Lady Hypatia con su encantadora sonrisa de gran dama-. Usted comprenderá que hablar de manos... su estructura es tan diferente...
Olvidé todas las normas sociales. Arremetí contra la puerta del aposento que encerraba sin duda a la criatura increíble. Entré: la pieza estaba a oscuras. Oí un triste y débil gemido; a mi espalda retumbó un doble grito:
-¡Qué imprudencia! -exclamó el doctor Hagg, llevándose las manos a la cabeza-. Lo ha expuesto a una corriente de aire. ¡El Superhombre ha muerto!
Esa noche, al salir de Croydon, vi hombres enlutados cargando un féretro que no tenía forma humana. El viento se quejaba sobre nosotros, agitando los álamos, que se inclinaban y oscilaban como penachos de algún funeral cósmico.


G. K. Chesterton 
JORGE LUIS BORGES & ADOLFO BIOY CASARES CUENTOS BREVES Y EXTRAORDINARIOS  

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Readers of Mr. Bernard Shaw and other modern writers may be interested to know that the Superman has been found. I found him; he lives in South Croydon. My success will be a great blow to Mr. Shaw, who has been following quite a false scent, and is now looking for the creature in Blackpool; and as for Mr. Wells's notion of generating him out of gases in a private laboratory I always thought it doomed to failure. I assure Mr. Wells that the Superman at Croydon was born in the ordinary way, though he himself, of course, is anything but ordinary.
Nor are his parents unworthy of the wonderful being whom they have given to the world. The name of Lady Hypatia Smythe-Brown (now Lady Hypatia Hagg) will never be forgotten in the East End, where she did such splendid social work. Her constant cry of "Save the children!" referred to the cruel neglect of children's eyesight involved in allowing them to play with crudely painted toys. She quoted unanswerable statistics to prove that children allowed to look at violet and vermillion often suffered from failing eyesight in their extreme old age; and it was owing to her ceaseless crusade that the pestilence of the Monkey-on-the-Stick was almost swept from Hoxton.
The devoted worker would tramp the streets untiringly, taking away the toys from all the poor children, who were often moved to tears by her kindness. Her good work was interrupted, partly by a new interest in the creed of Zoroaster, and partly by a savage blow from an umbrella. It was inflicted by a dissolute Irish apple-woman, who, on returning from some orgy to her ill-kept apartment, found Lady Hypatia in the bedroom taking down some oleograph, which, to say the least of it, could not really elevate the mind.
At this the ignorant and partly intoxicated Celt dealt the social reformer a severe blow, adding to it an absurd accusation of theft. The lady's exquisitely balanced mind received a shock; and it was during a short mental illness that she married Dr. Hagg.
Of Dr. Hagg himself I hope there is no need to speak. Anyone even slightly acquainted with those daring experiments in Neo-Individualist Eugenics, which are now the one absorbing interest of the English democracy, must know his name and often commend it to the personal protection of an impersonal power. Early in life he brought to bear that ruthless insight into the history of religions that he gained in boyhood as an electrical engineer. Later he became one of our greatest geologists; and achieved that bold and bright outlook upon the future of Socialism which only geology can give. At first there seems something like a rift, a faint, but perceptible, fissure, between his views and those of his aristocratic wife.
For she was in favour (to use her own powerful epigram) of protecting the poor against themselves; while he declared pitilessly, in a new and striking metaphor, that the weakest must go to the wall. Eventually, however, the married pair perceived an essential union in the unmistakably modern character of both their views; and in this enlightening and comprehensive expression their souls found peace. The result is that this union of the two highest types of our civilisation, the fashionable lady and all but vulgar medical man, has been blessed by the birth of the Superman, that being whom all the labourers in Battersea are so eagerly expecting night and day.
I found the house of Dr. and Lady Hypatia Hagg without much difficulty; it is situated in one of the last straggling streets of Croydon, and overlooked by a line of poplars. I reached the door towards the twilight, and it was natural that I should fancifully see something dark and monstrous in the dim bulk of that house which contained the creature who was more marvellous than the children of men. When I entered the house I was received with exquisite courtesy by Lady Hyptia and her husband; but I found much greater difficulty in actually seeing the Superman, who is now about fifteen years old, and is kept by himself in a quiet room. Even my conversation with the father and mother did not quite clear up the character of the mysterious being. Lady Hypatia, who has a pale and poignant face, and is clad in those impalpable and pathetic greys and greens with which she has brightened so many homes in Hoxton, did not appear to talk of her offspring with any of the vulgar vanity of an ordinary human mother. I took a bold step and asked if the Superman was nice looking.
'He creates his own standard, you see,' she replied, with a slight sigh. 'Upon that plane he is more than Apollo. Seen from our lower plane, of course...' And she sighed again.
I had a horrible impulse, and said suddenly, 'Has he got any hair?'
There was a long and painful silence, and then Dr. Hagg said smoothly, 'Everything upon that plane is different; what he has got is not...well, not, of course, what we call hair...but...'
'Don't you think,' said his wife, very softly, 'don't you think that really, for the sake of argument, when talking to the mere public, one might call it hair?'
'Perhaps you are right,' said the doctor after a few moments' reflection. 'In connection with hair like that one must speak in parables.'
'Well, what on earth is it,' I asked in some irritation, 'if it isn't hair? Is it feathers?'
'Not feathers, as we understand feathers,' answered Hagg in an awful voice.
I got up in some irritation. 'Can I see him, at any rate?' I asked. 'I am a journalist, and have no earthly motives except curiosity and personal vanity. I should like to say that I had shaken hands with the Superman.'
The husband and wife had both got heavily to their feet, and stood embarrassed.
'Well, of course, you know,' said Lady Hypatia, with the really charming smile of the aristocratic hostess. 'You know he can't exactly shake hands...not hands, you know....The structure, of course...'
I broke out of all social bounds, and rushed at the door of the room which I thought to contain the incredible creature. I burst it open; the room was pitch dark. But from in front of me came a small sad yelp, and from behind me a double shriek.
'You have done it, now!' cried Dr. Hagg, burying his bald brow in his hands. 'You have let in a draught on him; and he is dead.'
As I walked away from Croydon that night I saw men in black carrying out a coffin that was not of any human shape. The wind wailed above me, whirling the poplars, so that they drooped and nodded like the plumes of some cosmic funeral.
'It is, indeed,' said Dr. Hagg, 'the whole universe weeping over the frustration of its most magnificent birth.' But I thought that there was a hoot of laughter in the high wail of the wind.

G. K. ChestertonDaily News, 1909



martes, 15 de agosto de 2017

Cómo seré - Ángel González - Poema

CÓMO SERÉ - Ángel González -

¿Cómo seré yo
Cuando no sea yo?

Cuando el tiempo
Haya modificado mi estructura,
Y mi cuerpo sea otro,
Otra mi sangre,
Otros mis ojos y otros mis cabellos.

Pensaré en ti, tal vez.
Seguramente,
Mis sucesivos cuerpos
-Prolongándome, vivo, hacia la muerte-

Se pasarán de mano en mano
De corazón a corazón,
De carne a carne,
El elemento misterioso

Que determina mi tristeza
Cuando te vas,
Que me impulsa a buscarte ciegamente,
Que me lleva a tu lado

Sin remedio:
Lo que la gente llama amor, en suma.
Y los ojos
-Qué importa que no sean estos ojos-
Te seguirán a donde vayas, fieles.



miércoles, 2 de agosto de 2017

-Noción de la mañana - Javier Sologuren - Poema

Noción de la mañana


Voy de tu mano entre los limpios juncos,
entre nubes ligeras, entre espacios
de tierna sombra. Voy en tus ojos.

Voy de tu mano como quien respira
la pausa cálida del viento,
como quien pisa en el aire blandos frutos,
como quien bebe su risueño aroma.

(No he de perder el trino y la corriente
que te moja de libres claridades,
ni tu cabello suelto como el río
que apresura sus labios en la sombra).


Del libro: Detenimientos (1947)


martes, 11 de julio de 2017

Casa de cuervos - Blanca Varela - Poema

Casa de cuervos


porque te alimenté con esta realidad
mal cocida
por tantas y tan pobres flores del mal
por este absurdo vuelo a ras de pantano
ego te absolvo de mí
laberinto hijo mío

no es tuya la culpa
ni mía
pobre pequeño mío
del que hice este impecable retrato
forzando la oscuridad del día
párpados de miel
y la mejilla constelada
cerrada a cualquier roce
y la hermosísima distancia
de tu cuerpo
tu náusea es mía
la heredaste como heredan los peces
la asfixia
y el color de tus ojos
es también el color de mi ceguera
bajo el que sombras tejen
sombras y tentaciones
y es mía también la huella
de tu talón estrecho
de arcángel
apenas pasado en la entreabierta ventana
y nuestra
para siempre
la música extranjera
de los cielos batientes
ahora leoncillo
encarnación de mi amor
juegas con mis huesos
y te ocultas entre tu belleza
ciego sordo irredento
casi saciado y libre
con tu sangre que ya no deja lugar
para nada ni nadie

aquí me tienes como siempre
dispuesta a la sorpresa
de tus pasos
a todas las primaveras que inventas
y destruyes
a tenderme -nada infinita-
sobre el mundo
hierba ceniza peste fuego
a lo que quieras por una mirada tuya
que ilumine mis restos
porque así es este amor
que nada comprende
y nada puede
bebes el filtro y te duermes
en ese abismo lleno de ti
música que no ves
colores dichos
largamente explicados al silencio
mezclados como se mezclan los sueños
hasta ese torpe gris
que es despertar
en la gran palma de dios
calva vacía sin extremos
y allí te encuentras
sola y perdida en tu alma
sin más obstáculo que tu cuerpo
sin más puerta que tu cuerpo
así este amor
uno solo y el mismo
con tantos nombres
que a ninguno responde
y tú mirándome
como si no me conocieras
marchándote
como se va la luz del mundo
sin promesas
y otra vez este prado
este prado de negro fuego abandonado
otra vez esta casa vacía
que es mi cuerpo
a donde no has de volver


Blanca Varela - Casa de cuervos, del libro Ejercicios materiales (1978-1993)

lunes, 10 de julio de 2017

Letanía del solitario - Juan Gonzalo Rose - Poema

Letanía del solitario


Cada tarde te pierdo,
como se pierde el tiempo
o la esperanza.
Cada tarde,
definitivamente,
te pierdo
como se pierde la paciencia.
Cada tarde
dices no.
Mueves la cabeza y dices no.
Mueves la tierra y dices no.
No mueves los labios y tu silencio dice no.
Infatigablemente,
cada tarde,
mi café solitario obscurece el planeta.


Juan Gonzalo Rose - Letanía del solitario, del libro Simple canción (1960)

jueves, 6 de julio de 2017

César Calvo - Dan las campanas tu recuerdo en punto - Poema

Dan las campanas tu recuerdo en punto.
Afuera se pasean las dos de la mañana.
Nada pudo diciembre contra el semestre tuyo.
Nada el sol silencioso contra tu sombra hablada.
Desde el fondo de todo
lo que tengo,
me faltas.
Dan tu recuerdo en punto las campanas.
Y afuera se pasean,
de una
en una,
las dos
de la mañana.

César Calvo - Dan las campanas tu recuerdo en punto, del libro Poemas bajo tierra (1961)


martes, 4 de julio de 2017

A Islandia - Ísland - Jorge Luis Borges - Poema

A Islandia
De las regiones de la hermosa tierra
Que mi carne y su sombra han fatigado
Éres la más remota y la más íntima,
Última Thule, Islandia de las naves,
Del terco arado y del constante remo,
De las tendidas redes marineras,
De esa curiosa luz de tarde inmóvil
Que efunde el vago cielo desde el alba
Y del viento que busca los perdidos
Velámenes del viking. Tierra sacra
Que fuiste la memoria de Germania
Y rescataste su mitología
De una selva de hierro y de su lobo
Y de la nave que los dioses temen,
Labrada con las uñas de los muertos.
Islandia, te he soñado largamente
Desde aquella mañana en que mi padre
Le dio al niño que he sido y que no ha muerto
Una versión de la Völsunga Saga
Que ahora está descifrando mi penumbra
Con la ayuda del lento diccionario.
Cuando el cuerpo se cansa de su hombre,
Cuando el fuego declina y ya es ceniza,
Bien está el resignado aprendizaje
De una empresa infinita; yo he elegido
El de tu lengua, ese latín del Norte
Que abarcó las estepas y los mares
De un hemisferio y resonó en Bizancio
Y en las márgenes vírgenes de América.
Sé que no lo sabré, pero me esperan
Los eventuales dones de la busca,
No el fruto sabiamente inalcanzable.
Lo mismo sentirán quienes indagan
Los astros o la serie de los números...
Sólo el amor, el ignorante amor, Islandia.



















En El oro de los tigres (1972) 

lunes, 26 de junio de 2017

María Gómez Lara - Astillas - Poema

ASTILLAS
                                     Los verdaderos poemas son incendios
                                     VICENTE HUIDOBRO



voy frotando una astilla contra otra
y es inútil

no habrá fuego
en mis restos de madera

pude rescatar del naufragio
un trozo de leña

hueco de tormenta
atravesado por tanta agua salada

lo quebré
para inventar dos trizas que se juntan
dos chispas
que no estaban
el revés de un vacío un agujero

aquí sigo todavía estrellando mis astillas

nada que encender
y te haces humo
nada que apagar
y eres ceniza

miércoles, 21 de junio de 2017

Ecuador - Benjamín Prado - Poema

Ecuador

Hace falta la noche para ver las estrellas.

Igual que ayer, hoy busco -lo dijo Juan Ramón-
una verdad aún sin realidad;
busco en la tinta verde de todo lo que escribo
un planeta sin nombre o una jungla perdida.

Y hace falta la noche.

Yo me siento en las sombras,
prendo un fósforo,
tallo mis esmeraldas, construyo mis panales.
Todo es igual y todo es diferente.

La vida,
que fue un río,
es ahora un océano,
el pasado es la arena y el agua es el futuro.

Hace falta la noche.

Todo está en mí
lo mismo que un clavo en la madera:
cada paso en la nieve,
cada luz apagada,
cada piel encendida.

martes, 13 de junio de 2017

Irlanda - Jorge Luis Borges - Atlas

Irlanda

J.L.Borges
"Atlas" (1986)

Antiguas sombras generosas no quieren que yo perciba a Irlanda o que agradablemente la perciba de un modo histórico. Esas sombras se llaman el Erígena, para quien toda nuestra historia es un largo sueño de Dios, que al fin volverá a Dios, doctrina que asimismo declaran el drama Back to Methuselah y el famoso poema «Ce que dit la Bouche d'Ombre» de Hugo; se llaman también George Berkeley, que juzgó que Dios está minuciosamente soñándonos y que si despertara de su sueño desaparecerían el cielo y la tierra, como si despertara el Rey Rojo; se llaman Oscar Wilde, que de un destino no sin infortunio y deshonra ha dejado una obra, que es feliz e inocente como la mañana o el agua. Pienso en Wellington, que, después de la jornada de Waterloo, sintió que una victoria no es menos terrible que una derrota. Pienso en dos máximos poetas barrocos, Yeats y Joyce, que usaron la prosa o el verso para un mismo fin, la belleza. Pienso en George Moore, que en «Ave atque Vale» creó un nuevo género literario, lo cual no importa, pero lo hizo deliciosamente, lo cual es mucho. Esas vastas sombras se interponen entre lo mucho que recuerdo y lo poco que pude percibir en dos o tres días poblados, como todos, de circunstancias.

De todas ellas la más vívida es la Torre Redonda que no vi pero que mis manos tantearon, donde monjes bienhechores salvaron para nosotros en duros tiempos el griego y el latín, es decir, la cultura. Para mí Irlanda es un país de gente esencialmente buena, naturalmente cristiana, arrebatados por la curiosa pasión de ser incesantemente irlandeses.

Caminé por las calles que recorrieron, y siguen recorriendo, todos los habitantes de Ulysses.


jueves, 8 de junio de 2017

Ce que dit la bouche d'ombre (Lo que dice la boca de sombra) - Victor Hugo

Ce que dit la bouche d'ombre (II)

Espérez ! espérez ! espérez, misérables !
Pas de deuil infini, pas de maux incurables,
Pas d'enfer éternel !
Les douleurs vont à Dieu, comme la flèche aux cibles ;
Les bonnes actions sont les gonds invisibles
De la porte du ciel.

Le deuil est la vertu, le remords est le pôle
Des monstres garrottés dont le gouffre est la geôle ;
Quand, devant Jéhovah,
Un vivant reste pur dans les ombres charnelles,
La mort, ange attendri, rapporte ses deux ailes
A l'homme qui s'en va.

Les enfers se refont édens ; c'est là leur tâche.
Tout globe est un oiseau que le mal tient et lâche.
Vivants, je vous le dis,
Les vertus, parmi vous, font ce labeur auguste
D'augmenter sur vos fronts le ciel ; quiconque est juste
Travaille au paradis.

L'heure approche. Espérez. Rallumez l'âme éteinte !
Aimez-vous ! aimez-vous ! car c'est la chaleur sainte,
C'est le feu du vrai jour.
Le sombre univers, froid, glacé, pesant, réclame
La sublimation de l'être par la flamme,
De l'homme par l'amour !

Déjà, dans l'océan d'ombre que Dieu domine,
L'archipel ténébreux des bagnes s'illumine ;
Dieu, c'est le grand aimant ;
Et les globes, ouvrant leur sinistre prunelle,
Vers les immensités de l'aurore éternelle
Se tournent lentement.

Oh ! comme vont chanter toutes les harmonies,
Comme rayonneront dans les sphères bénies
Les faces de clarté,
Comme les firmaments se fondront en délires,
Comme tressailleront toutes les grandes lyres
De la sérénité,

Quand, du monstre matière ouvrant toutes les serres,
Faisant évanouir en splendeurs les misères,
Changeant l'absinthe en miel,
Inondant de beauté la nuit diminuée,
Ainsi que le soleil tire à lui la nuée
Et l'emplit d'arcs-en-ciel,

Dieu, de son regard fixe attirant les ténèbres,
Voyant vers lui, du fond des cloaques funèbres
Où le mal le pria,
Monter l'énormité bégayant des louanges,
Fera rentrer, parmi les univers archanges,
L'univers paria !

On verra palpiter les fanges éclairées,
Et briller les laideurs les plus désespérées
Au faîte le plus haut,
L'araignée éclatante au seuil des bleus pilastres
Luire, et se redresser, portant des épis d'astres,
La paille du cachot !

La clarté montera dans tout comme une sève ;
On verra rayonner au front du boeuf qui rêve
Le céleste croissant ;
Le charnier chantera dans l'horreur qui l'encombre,
Et sur tous les fumiers apparaîtra dans l'ombre
Un Job resplendissant !

O disparition de l'antique anathème !
La profondeur disant à la hauteur : Je t'aime !
O retour du banni !
Quel éblouissement au fond des cieux sublimes !
Quel surcroît de clarté que l'ombre des abîmes
S'écriant : Sois béni !

On verra le troupeau des hydres formidables
Sortir, monter du fond des brumes insondables
Et se transfîgurer ;
Des étoiles éclore aux trous noirs de leurs crânes,
Dieu juste ! et par degrés devenant diaphanes,
Les monstres s'azurer !

Ils viendront, sans pouvoir ni parler ni répondre,
Éperdus ! on verra des auréoles fondre
Les cornes de leur front ;
Ils tiendront dans leur griffe, au milieu des cieux calmes,
Des rayons frissonnants semblables à des palmes ;
Les gueules baiseront !

Ils viendront ! ils viendront, tremblants, brisés d'extase,
Chacun d'eux débordant de sanglots comme un vase,
Mais pourtant sans effroi ;
On leur tendra les bras de la haute demeure,
Et Jésus, se penchant sur Bélial qui pleure,
Lui dira : C'est donc toi !

Et vers Dieu par la main il conduira ce frère !
Et, quand ils seront près des degrés de lumière
Par nous seuls aperçus,
Tous deux seront si beaux, que Dieu dont l'oeil flamboie
Ne pourra distinguer, père ébloui de joie,
Bélial de Jésus !

Tout sera dit. Le mal expirera ; les larmes
Tariront ; plus de fers, plus de deuils, plus d'alarmes ;
L'affreux gouffre inclément
Cessera d'être sourd, et bégaiera : Qu'entends-je ?
Les douleurs finiront dans toute l'ombre ; un ange
Criera : Commencement !



Les contemplations

lunes, 5 de junio de 2017

Stirt um stef - Hjálmar Jónsson frá Bólu - Islandia

Stirt um stef     

Mér er orðið stirt um stef
og stílvopn laust í höndum,
í langnættinu lítið sef,
ljós í myrkri ekkert hef,
kaldur titra, krepptur gigtar böndum.

Húmar að mér hinsta kvöld,
horfi eg fram á veginn,
gröfin móti gapir köld,
gref ég á minn vonarskjöld
rúnir þær er ráðast hinumegin.


Hjálmar Jónsson frá Bólu
1796 - 1875


- brot úr kvæði -

En mi ultima noche humana, 
miro hacia adelante, 
me resguardo del frío en mi tumba,
y en el escudo de mi esperanza 
Grabo las runas que serán oídas en el más allá

sábado, 27 de mayo de 2017

Entrevista de César Hildebrandt al poeta Juan Gonzalo Rose

Entrevista de César Hildebrandt al poeta Juan Gonzalo Rose. Publicada en Caretas, Lima el 10 de marzo de 1980.

Usted ha dicho, desgarradoramente, que las fuerzas creadoras lo han abandonado, pero que todavía espera  un milagro
Es una manera de expresar una esperanza, dictada sobre todo por el sentimiento. Porque, racionalmente, yo me doy cuenta de que mis posibilidades de creación están agotadas.
Yo me he preguntado muchas veces, Juan Gonzalo, qué fue lo que lo quebró. En un poema de Las comarcas usted dice: «pero el gran desamor, sólo noches oscuras acarrea…». ¿Fue eso? ¿Fue la soledad?
Sí, en parte… Pero hay otros factores. En primer lugar, naturalmente, el tiempo: tengo 52 años. Luego, esa soledad a la que nos hemos referido y que en mi caso es muy especial… Porque desde hace cuatro años yo padezco de depresión. Esta depresión me conduce a encerrarme en mi cuarto, y pasan semanas y semanas y yo no converso con nadie. De tal modo que, faltándome la experiencia, no hay material para la creación. Toda creación se nutre de vivencias…
El país, Juan Gonzalo, nuestra realidad, ¿tienen que ver con su tristeza?
Creo que es posible. Sin duda el clima político influye.
No sólo el clima político. Me refería al maltrato sistemático que este país administra a sus poetas, a sus músicos, a lo mejor de su gente en muchos casos…
Sí, El sentirse no estimulado, el sentirse siempre prescindible, esta especia de ofensiva muchas veces silenciosa, tienen que ver con mi depresión pero también influyen otros factores. Por ejemplo, el doctor Mariátegui me decía que a mí me hace mucho daño no tener ninguna seguridad económica. Esto es cierto… He llegado a la edad que he llegado y yo vivo mantenido por mi madre… Mi madre me da techo y comida, pero a eso no se puede reducir la existencia. De tal manera que me ayudo con esporádicos artículos periodísticos… Y mi madre ya es una mujer que ya tiene sus 80 años. Desgraciadamente, no va a ser muy largo el plazo de su vida…
¿Usted fue despedido del Instituto Nacional de Cultura, ¿verdad?
Sí.
¿Durante la gestión del señor Abril de Vivero?
Así es.
¿Por qué lo despidieron?
No me dieron ninguna explicación.
¿Cuánto ganaba?
Diez mil soles.
Usted ha nombrado el insomnio de varias maneras en su poesía: los embarcaderos del insomnio, las candelas azules del insomnio, las altas guaridas del insomnio. ¿Sigue siendo, ahora, un malestar?
En la actualidad tomo pastillas para dormir… Me surten algún efecto… Pero hace tres meses que sufro de un dolor muy agudo a los pies. Es una neuritis… Yo quisiera aprovechar esto para manifestar mi gratitud a algunas personas como Tania Libertad, y a su esposo, el poeta Francisco García, que me está pagando un tratamiento de acupuntura… También quiero agradecer a Chabuca Granda, que me está ayudando mucho moral y materialmente…
Todos quienes han seguido su itinerario poético han observado el paso de esa poesía social y militante de sus comienzos a la poesía confesional y padecida de su época madura. ¿Recuerda cuando escribió: «continúa el partido su vigilia cual un hermano pensativo y grande…»
Sí. Recuerdo…
Me pregunto su el gesto de haber dejado creencias y partido en el camino no tiene que ver con su melancolía…
Yo creo que sí. Como usted sabe, en mi juventud yo adopté una posición política de combate…
¿Por qué la abandonó?
Lo que motivó mi incursión a la política fue, más bien, un espíritu romántico… En realidad, nunca me atrajo la vida partidaria, que suele ser burocrática…
¿Usted fue comunista, verdad?
Sí.
Y antes había sido aprista…
Bueno, eso no. Lo que pasa es que fui elegido miembro de la Federación de Estudiantes del Perú con votos apristas. Pero no milité en el APRA…
¿Es definitivamente cierto aquello de que Haya le dijo alguna vez: «Usted fue aprista» y usted le respondió: «Y usted también…»? Creo que ocurrió en México, ¿o me equivoco?
Ocurrió en Lima, en el local de Alfonso Ugarte…
¿Y cómo reaccionó Haya?
Comenzó a hablar de otra cosa, un poco molesto… Haya no tenía mucho sentido del humor. Yo lo traté en cuatro o cinco oportunidades…
¿Qué recuerdos conserva de él?
Desde lejos, visto desde la perspectiva de los mítines, exhibía otro tipo de virtudes. Pero, de cerca, en una conversación, transmitía una imagen de bondad… Claro que no era el gran conversador que dicen. No suscitaba el diálogo. Era, más bien, monologante. Y nunca hablamos de política. El tema principal de estas charlas, a las que me introdujo Carlos Tosi, era una cuestión esotérica…
¿Qué era aquello?
Haya vivía obsedido por la existencia del alma. Él decía que el alma no abandona al cuerpo una vez producida la muerte sino que ella subsiste, teniendo conciencia de identidad, durante un tiempo, que puede ser corto o largo – y esto depende de la densidad del alma –. Y decía que hay almas que demoran mucho en percibir que ya no tienen identidad y que cuando adquieren esta conciencia de su no identidad recién es que se disuelven del todo… Al principio me pareció que Haya hacía de esto un tema atractivo de conversación, pero después me convencí de que él pensaba seriamente en estas cosas. Contaba mucho de su viaje por el Tíbet y, en realidad, estaba fascinado por todas esas cuestiones esotéricas…
Usted se afirma hoy como cristiano pero hay en su poesía palabras tan duras contra esta eclesiástica herencia española y, si no me equivoco, en algún poema, usted imagino la posibilidad de una catedral hecha para los que no oyeron… ¿Qué clase de refugio es el cristianismo?
Es difícil creerlo… Uno puede, a la edad que tengo, ser víctima de espejismos… No creo, sin embargo, que el cristianismo sea sólo como la tabla de salvación de un náufrago. Es algo más sereno… Alguna vez yo le hice para Caretas precisamente,  una entrevista a Fellini y le pregunté respecto a Dios y él me dijo que la condición natural del hombre frente a Dios la duda. Así es. El cristianismo tiene momentos de vacilación. No es la fe del carbonero…
Hablemos algo de su poesía. ¿Por qué desestimó a «La luz armada» del tomo de su poesía completa? ¿Le pareció una poesía social demasiado fácil?
Muy ingenua, sumamente ingenua…
Y usted suele ser desleal con esa ingenuidad que algunos estimamos… Usted depuró aquel poema «Las cartas secuestradas», que ahora tiene, por eso, dos versiones. ¿Por qué lo hizo?
Creo que sólo he cambiado las líneas finales. En la antigua versión, decía: también de palomar se muere un hombre cuando sabe vivir por una carta…
¿Por qué lo cambió?
Porque me parecía un poco cursi…
Quizá sea usted el único poeta de su importancia que pueda hablar con tanta irreverencia de su propia obra. ¿Ha escrito otras cosas que ahora considere cursi?
Parte de Las comarcas tiene mucho de cursilería. Hay una exuberancia verbal que no me gusta…
En un hermoso programa hecho para la televisión, y por supuesto hostilizado por algunos comerciantes, Tania Libertad le pregunta a usted quién fue Marisel. Y usted no responde. ¿Podrìa responder ahora?
Es que Marisel no es una persona concreta. Es la amada ideal que todos tenemos. No es un ser de carne y hueso…
Pero hubo amadas de carne y hueso. Usted tuvo una hija…
Sí. Ella vive en México.
¿La ve?
No. Nos hemos escrito alguna vez.
¿Es usted, como ha escrito Mario Vargas Llosa, el hombre que trata de rescatar al niño desesperado y jubiloso que alguna vez fue?
En algunos versos sí hay, en efecto, algo de nostalgia por la adolescencia perdida,  por la niñez perdida…
Pero quizá más que de edades podríamos hablar de inocencia…
Exactamente…
Porque en su poesía su infancia no aparece sino como la imagen de un chico melancólico que se internaba por ciertos arenales. Es decir, no creo que usted haya sido un niño feliz…
Tiene usted razón…
¿Alguna vez ha sido usted feliz, Juan Gonzalo?
No. No he conocido lo que es la verdadera felicidad.
¿No la buscó?
Todos la buscamos. No he tenido la oportunidad de encontrarla.
¿Cómo la hubiera encontrado?
En compañía de alguien que me entendiera.
¿Nunca llegó ese alguien?
No.
¿No es una visión muy deprimida?
La verdad es que en lo amorosa nunca pudo alcanzar una verdadera estabilidad. Fue mi juventud extremadamente bohemia…
En un poema destinado a León Felipe usted lo invoca: si a cantar, cantador, nos enseñaste, enséñanos, varón, cómo se calla. Es hermoso que usted persista en no callar…
Callar es en ese poema sinónimo de morir.
Y usted tiene una relación familiar con la muerte…
Sí, es una de mis obsesiones, una de mis obsesiones crepusculares.
¿Alguna vez intentó matarse, Juan Gonzalo?
Sí. Una vez… Tomé una cantidad de barbitúricos que considere que iba a ser suficiente…
¿En qué momento de su vida ocurrió?
Eso fue cuando trabajaba en Expreso… Vivía una gran soledad, alejado de mis padres; tenía un pequeño departamento en el edificio Ritz… Había tenido una ruptura sentimental…
Tomaba mucho en esa época, ¿verdad?
Bebía mucho, sí. Yo he tenido una juventud alcohólica, de la que felizmente he logrado alejarme. Fue una batalla bastante dura.
¿Ha pensado que la dependencia emocional respecto de sus padres contribuyó a sellar su carácter, a fomentar su fragilidad?
Sí. Yo creo que esa dependencia lo hace a uno poco inerme. Yo he tratado de librarme de esa dependencia viviendo solo cada vez que he podido, viajando…
Comparando a la luciérnaga con el hombre, usted ha escrito: «Pues caso estimable es el bicho, que más alumbra cuanto más se muere… Y no del hombre, que se opaca a pocos y es mucho más obscuro cuando dura…». Suena terrible, la verdad…
Sí, efectivamente: es el verso más amargo que yo he escrito en mi vida. Es un rechazo a la vejez sobre todo…
¿Qué es lo que más rechaza de la vejez?
Nos hace demasiado conscientes… Yo estaba acostumbrado, en mi juventud, a dejar ue el azar participara de mi vida. Se pierde el sabor de la aventura. Todo es tan meditado. Se aproxima así uno a la muerte… Y conste que yo no soy una persona que piensa en la muerte como la tentación del descanso. No tengo miedo a la muerte. No voto en contra de la muerte…
Habla usted de descansar. ¿Qué es aquello de lo que más quisiera descansar, Juan Gonzalo?
De la monotonía en la que se ha convertido mi vida, del estar encerrado en mi cuarto… Yo soy una persona curiosa: no voy al cinema, no veo televisión, no escucho música, no leo, no escribo. Yo no sé qué hago con mi tiempo, es totalmente un vacío… Todo me molesta, me repele…
¿Le molesta estar en este momento hablando de sí mismo como lo está haciendo?
No… Porque es una catarsis…
¿Teme algo de especial manera?
Sí… Me da miedo que , de agravarse este círculo de circunstancias adversas en que me muevo… Tengo pánico de retornar al alcoholismo. Sé que sería irremediable…
¿No le gustó el éxito alguna vez, no lo gratificó? Es decir, ¿también le disgustó el éxito?
No me disgustó… Lo que pasa es que se produce una suerte de desdoblamiento. Pareciera que es otra persona la que recibe esos éxitos y no uno. Yo lo he sentido siempre así. Los éxitos me daban alguna satisfacción pero yo notaba que mi verdadero animal estaba un poco distanciado de ese otro triunfador…
¿Por qué no se aceptó un poco? ¿Por qué se combatió tanto?
Creo que, en lo fundamental, yo me acepté a mí mismo. Lo que pasa es que no estoy conforme con el papel que me ha tocado en la comedia…
¿Cómo definiría ese papel?
Me hubiera gustado ser alguien más útil… Con toda sinceridad, yo siento, ahora que el arte es algo totalmente inútil, que no tiene ningún sentido: la poesía, la música… Al único arte al que le sigo guardando respeto es al teatro…
¿Pero usted cree que su poesía no sirve? ¿Usted cree que no conmueve, que no enriquece? Como lector le diría, cordialmente, que usted está diciendo una barbaridad…
Tal vez, pero nos leen tan pocos… En un tiempo yo tomaba parte en muchos recitales. En ese tiempo sí sentí que estaba haciendo algo por los otros… Pero con los libros el contacto con la gente es nulo… Además hay otras objeciones. El poeta tiende a hablar demasiado de si mismo…
O a ocultarse…
O a ocultarse. Pero yo creo haber hablado bastante de mí mismo…
Pero de varios Juan Gonzalos: del derrotado y del esperanzado, del depresivo, del eufórico…
Mi poesía es tan heterogénea, ¿no?
Hay mutaciones…
Así es.
¿En qué mutación anda ahora, Juan Gonzalo?
Ahora estoy inmutable…
No puedo creer que usted no conserve alguna esperanza…
Solamente extraterrena. Aquí el mundo… no tengo ninguna esperanza. Quizá suene cursi, pero lo único que espero es la salvación de mi alma… Yo soy un cristiano convencido. Creo en la compasión de Dios…
No cree en la de los hombres, ¿verdad?
No.
Me pregunto si usted sería tan triste si no hubiera conocido el exilio y la soledad, Es decir, me pregunto si su vida afectiva podría haber sido otra de no mediar algunas circunstancias…
Indudablemente hay circunstancias que influyen mucho y aquella del exilio, es cierto, fue importante para mí. Pero yo creo, más bien, que en la semilla, que en el espíritu, está la derrota esperando. Las circunstancias trabajan una arcilla ya hecha, ya cuajada. En esa arcilla ya estaba escrita la derrota… Yo nací para ser derrotado. En mis encierros me he preguntado muchas veces por qué, pero la verdad es que no he podido nunca encontrar una respuesta…
Creo que usted debe haber escrito estas palabras durante uno de sus encierros voluntarios: estoy tan triste ahora que si alguien se acercase, me amaría…
Sí, eso pertenece a Retorno a mi cuarto. Lo escribiría de nuevo…

miércoles, 24 de mayo de 2017

Otro recado para Javier Wong - César Calvo

Otro recado para Javier Wong

Nosotros hemos hecho ,
de dìa en dìa
el tiempo.

Todo el tiempo.

De làgrima
en làgrima
y de viento
en viento:
los mares
los planetas.

De hoja en hoja
los libros
y los bosques.

Nosotros hemos hecho, de nada
en nada ,
todo.

Porque lo hicimos
juntos , distantes
pero juntos
y lejos del olvido.

No hemos hecho las calles
de este mundo
para que el tiempo pase
sin recuerdos.


Cèsar Calvo
En Barcelona el 16 de Diciembre de 1998

lunes, 22 de mayo de 2017

¿DÓNDE ESTÁ COMBRAY? - Javier Heraud (Marcel Proust)

L: ¿DÓNDE ESTÁ COMBRAY?*
                                                            J: En el jardín de Swann, en otoño.
Son hojas que recogí del jardín de Swann
un ocho de octubre en Combray o Illiers,
 da lo mismo.
Habíamos tomado el tren hacia Chartres
 Lucho, Rachel, yo y Amaranta.
Allí hacía mucho frío,
pero nos consoló una lluvia
que nos obligó a tomar unos coñacs.
Claro, y también estaba la catedral
mostrándonos claras estampas,
 sucios laberintos y blancos campesinos
(no pagamos nada por ellas y aún las conservo.)
No había tren para Illiers
pero estaba el autobús esperándonos.
Y mucho frío también en Combray,
pero había un hotel de la imagen
con cuartos perfectos y edredones de plumas.
Y la paloma aquella que comimos,
y el vino tinto de la aldea,
y el queso natural que allí fabrican,
y el claro pan y el postre de manzana.
Sí, son hojas que recogí del jardín de Swann,
sobre una colina, sobre un puente pequeño
y un arroyo navegable,
pero Lucho se mareaba en la barca y no subimos.
No sé si el pueblo era hermoso,
pero allí estaban la casa de Marcel,
y la magdalena de la tía Leonie,
y la foto de Francisca la dulce,
y el acostumbrado libro de Ruskin,
y Enrique el olvidadizo de Prusia.
¿Qué más había?
Tal vez un retrato de Proust,
tal vez una ventana con vidrios de colores,
tal vez una azucena, un huerto,
un rosal, algunas rosas y estas hojas.

 (1961)

*Antes de dejar París, Javier tuvo una gran satisfacción. El había realizado un paseo de dos días a un pueblito al sur: Illiers, donde vivió uno de los escritores que más admiraba: Marcel Proust. Durante ese viaje corto, Javier escribió este poema.
  

sábado, 11 de marzo de 2017

AQUEL BELLO PARIENTE DE LOS PÁJAROS - César Calvo - Poema

AQUEL BELLO PARIENTE DE LOS PÁJAROS - César Calvo

Aquel bello pariente de los pájaros
que escondía su sombra de la lluvia
mientras tú dirigías
sobre ardientes cuadernos el vuelo de su mano.
El niño que subía
por el estambre rojo del verano
para contarte ríos de perfume,
cabellos rubios y país de nardos.
Tu niño preferido -¡si lo vieras!-
es el alma de un ciego que pena entre los cactus.
Es hoy el otro, el sin reír, el pálido,
rabioso jardinero de otoños enterrados.

¿Y sabiendo esto lo quisiste tanto?
¿Lo acostumbraste al mar,
al sol,
al viento, para que hoy ande respirando asfixias
en un pozo de náufragos?
¿Para esta pobre condición de niebla
defendiste su luz de enamorado?

Poesía, no quiero este camino
que me lleva a pisar sangre en el prado
cuando la luna dice que es rocío
y cuando mi alma jura que es espanto.

Poesía, no quiero este destino.
Llévate tus sandalias.
¡Devuélveme mis manos!

El final de la historia lo dirán las estrellas
y las hojas que cubren mi sueño sepultado.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Raritan Blues - Eduardo Chirinos

Raritan Blues - Eduardo Chirinos 

Para Margarita Sánchez

Aquí no hay bulla ni miseria,
sólo un bosque de árboles mojados y cientos de ardillas
correteando vivaces o escarbando una nuez.
A lo lejos un puente
una interminable fila de automóviles retorna a sus hogares
y nubes balando ante un perro pastor y amarillo.
¿Eres tú quien camina en las riberas del Raritan?
Recuerdo un río triste y marrón donde las ratas
disputan su presa con los perros
y aburridos gallinazos espulgándose las plumas bajo el sol.
Ni bulla ni miseria.
El río fluye educado como en una tarjeta postal
y nos habla igual que hace siglos, congelándose y
descongelándose,
viendo crecer a sus orillas cabañas, iglesias, burdeles,
plantas refinadoras de petróleo.
Escucho el vasto rumor del Raritan, el silencio de los patos,
de los enormes gansos salvajes.
Han venido desde Ontario hasta New Brunswick,
con las primeras nieves volarán al sur.
Dicen que el río es la vida y el mar la muerte.
He aquí mi elegía:
un río es un río
y la muerte un asunto que no nos debe importar.