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lunes, 6 de junio de 2016

NAVEGANDO HACIA BIZANCIO - Sailing to Byzantium By William Butler Yeats

NAVEGANDO HACIA BIZANCIO

I
Aquel no es un país para hombres viejos. Los jóvenes
Tomados del brazo, las aves en los árboles
- Las generaciones que mueren - cantando,
Las cascadas de salmón, los mares repletos de atún,
Peces, animales, aves, encomian todo el verano
Todo aquello que se produce, nace, y muere.
Atrapado en esa música sensual todo ignora
Monumentos de intelecto que no envejece.

II

Un hombre viejo no es más que una cosa miserable,
Un abrigo andrajoso sobre un bastón, a menos
Que el alma aplauda y cante, y cante más fuerte
Por cada arruga en su traje mortal.
Ni hay otra escuela de canto que el estudio
De monumentos de magnificencia única;
Y por eso he navegado los mares y he venido
A la santa ciudad de Bizancio.
III
Oh sabios que estais en el fuego sagrado de Dios
Y en el dorado mosaico de un muro,
Venid del fuego sacro, girad hasta mí,
Y sed los maestros de canto de mi alma.
Consumid mi corazón; enfermo de deseo
Y atado a un animal agonizante
No sabe ya lo que es; y llevadme
A la ilusión de la eternidad.

IV

Una vez fuera de la naturaleza, no he de tomar
Mi forma de ninguna cosa natural,
Sino una forma como la que los herreros griegos hacen
De oro repujado y esmalte dorado
Para mantener despierto a un somnoliento Emperador;
O ponen en una rama dorada para que cante
A los señores y las damas de Bizancio
Sobre lo pasado, lo presente, o lo por venir.



Sailing to Byzantium

That is no country for old men. The young 
In one another's arms, birds in the trees, 
—Those dying generations—at their song,
The salmon-falls, the mackerel-crowded seas, 
Fish, flesh, or fowl, commend all summer long 
Whatever is begotten, born, and dies. 
Caught in that sensual music all neglect 
Monuments of unageing intellect. 


II 

An aged man is but a paltry thing, 
A tattered coat upon a stick, unless 
Soul clap its hands and sing, and louder sing 
For every tatter in its mortal dress, 
Nor is there singing school but studying 
Monuments of its own magnificence; 
And therefore I have sailed the seas and come 
To the holy city of Byzantium. 


III 

O sages standing in God's holy fire 
As in the gold mosaic of a wall, 
Come from the holy fire, perne in a gyre, 
And be the singing-masters of my soul. 
Consume my heart away; sick with desire
And fastened to a dying animal 
It knows not what it is; and gather me 
Into the artifice of eternity. 


IV 

Once out of nature I shall never take 
My bodily form from any natural thing, 
But such a form as Grecian goldsmiths make 
Of hammered gold and gold enamelling 
To keep a drowsy Emperor awake; 
Or set upon a golden bough to sing 
To lords and ladies of Byzantium 
Of what is past, or passing, or to come.

W. B. Yeats, “Sailing to Byzantium” fromThe Poems of W. B. Yeats: A New Edition,edited by Richard J. Finneran. Copyright 1933 by Macmillan Publishing Company, renewed © 1961 by Georgie Yeats. Reprinted with the permission of A. P. Watt, Ltd. on behalf of Michael Yeats.
Source: The Collected Poems of W. B. Yeats(1989)



viernes, 20 de mayo de 2016

Árbol que eres un penoso relámpago ... - Javier Sologuren - Poema

Árbol que eres un penoso relámpago...


Árbol que eres un penoso relámpago,
viento que arrebatas una ardiente materia,
bosques de rayos entre el agua nocturna;
¿he de decirles que para mí se está forjando
una pesada joya en mi corazón, una hoja
que hiende como una estrella el refugio de la sangre?

Ignoro otra mirada que no sea como un vuelo
reposado y profundo, ignoro otro paso lejano,
ola que fuese más clara que la vida en mi pecho.

Sepan que estoy viviendo, nubes, sepan que canto,
bajo la gloria confusa de la tarde, solitario.

Sepan que estoy viviendo, que me aprieta el cielo,
que mi frente ha de caer como lámpara vacía
a los pies de una estatua que vela tenazmente.

lunes, 16 de mayo de 2016

A Cristo en el matadero - Poema de Antonio Cisneros

A CRISTO EN EL MATADERO

Cuando hablaste
del amor y repartías
la paz y los pescados,
se acercaban
para amarte, Señor
amable y sabio.
Un buen día, aburridos
de milagros,
hartos de caminatas,
decidieron
cambiar tu cabellera
y tus sandalias
por unos cuantos reales.
Lleno de clavos
tu cuerpo fue enterrado
junto al vientre
de las ratas. Tus palabras
se hicieron estropajos,
tambores pellejudos
que anuncian
negocios y matanzas.

martes, 3 de mayo de 2016

Cantiga del Grünewald - Antonio Cisneros

Cantiga del Grünewald

Agua de ajos tu sangre
una alameda
de tilos florecida
un verdulero turco
un edificio
de piedras en salmón
o lúcuma o melón
donde nadie responde
o bien
de la estación
al lago
a trote por el bosque
Grünewald
ardillas comadrejas
donde nadie otra vez
y siempre igual
el teléfono envuelto
en una manta
al fondo del cajón
encerrado con llave
entre ese closet
(                       )
te ofrezco un matrimonio
maronita
la bufanda escocesa
o un cerdo de Ceylán.

De "Propios como ajenos" Antología personal
Editorial Inca, Lima, Perú 1989

lunes, 25 de abril de 2016

Benjamín Prado: Poema para que lo leas cuando no esté a tu lado

XI
Mi amor, este poema
es para que lo leas cuando no esté a tu lado,
cuando no pueda ya cuidar de ti.
No te conformes nunca con alguien que no piense
que tu eres una llama más antigua que el fuego,
que tú eres su razón para vivir.
Aprende a no querer a los que no te quieran
y elige bien a qué le tendrás miedo:
no habrá sombra que oculte lo que tú temas ver.
Escapa del que piense
que el aire es la pared de lo invisible
y huye de aquel que crea
que es más feliz quien menos necesita,
porque ése no podría necesitarte a ti.
No te rindas, no olvides jamás que la tristeza
sólo es la burocracia del dolor.
Y si sientes que el mundo se derrumba,
no intentes abrazarte
a otro que esté cayendo a la vez que caes tú,
como yo hice contigo.
Algún día
tendrás que despertarte para salvar tus sueños.
Algún día sabrás que en las promesas
hay siempre un cristal roto
en el que aúlla el viento frío de la mentira.
Recuerda todo eso.
No escondas lo que sientes por miedo a ser frágil,
como aquellos
que por guardar tan bien lo que más les importa,
lo pierden para siempre.
Recuerda que no hay nada que no pueda
ocurrir cualquier día.
No olvides que esta obra ha terminado.
No olvides que le hablas a un teatro vacío.
……………….
Del libro Marea humana (Editorial Visor, 2010)

miércoles, 13 de abril de 2016

Poema El Pájaro - Octavio Paz

Un silencio de aire, luz y cielo.
En el silencio transparente
el día reposaba:
la transparencia del espacio
era la transparencia del silencio.
La inmóvil luz del cielo sosegaba
el crecimiento de las yerbas.
Los bichos de la tierra, entre las piedras,
bajo la luz idéntica, eran piedras.
El tiempo en el minuto se saciaba.
En la quietud absorta
se consumaba el mediodía.

Y un pájaro cantó, delgada flecha.
Pecho de plata herido vibró el cielo,
se movieron las hojas,
las yerbas despertaron...
Y sentí que la muerte era una flecha
que no se sabe quién dispara
y en un abrir los ojos nos morimos.

jueves, 7 de abril de 2016

Los enunciados protocolarios - Alvaro Pombo - Poema


a Víctor Casanova Abós 
Había el río sido hablado antes antes tenido en cuenta y antes 
olvidado 
No era un río cualquiera sino el nuestro que arrastraba a 
conciencia 
basura de provincias y ciudades antiguas que habían desertado 
de toda pulcritud 
y arrojaban al río las cáscaras de huevo, las botellas de plástico 
los condones usados 
y que nosotros mismos al cruzar por sus puentes apenas 
contemplábamos 
Sólo un niño delgado apenas discernible entre los sosos sauces 
vio el río agigantado 
urdido en los neveros con la urdimbre fluyente de los grandes 
deseos que agigantan 
al hombre 
y pensó que aquel río era más que una suma aunque aún no 
entendía 
qué más se puede ser 
¿Es un camino el río o sólo un vertedero donde caben los ojos 
de los patos salvajes 
que cruzan migratorios los Monegros la Historia? 
Te recuerdo esta noche desiertos los costados y la espalda del alma 
a la orilla de un río 
El silencio es tan claro como tu voz de entonces la tristeza es tan 
clara 
como mi voz de entonces 
Y cuántas veces fuimos a la orilla del río a preguntar si eran 
discernibles los mundos 
que entonces empezaban 
Ha transcurrido el tiempo ha transcurrido el río trabado el 
corazón 
como un salmón heroico que inconsciente se adentra río arriba 
en su muerte 
¿Y los significados y las sumas y entonces? 
¿Dónde ha quedado entonces 
con los juegos de manos la chistera encantada y las agrestes 
Ramblas 
de otra Barcelona? 
Ten piedad de los niños que se adentran adentro y no sabrán salir 
¿Y quién sabe salir? 
¿Es el río un camino o sólo el vertedero donde acaban los ojos 
de los patos salvajes? 
Ten piedad de nosotros artífices del alba que no mentimos 
nunca 
de la muerte pequeña del aura de la vida de los copiosos libros y 
los fríos ocasos 
de nuestra juventud nuestra vejez ahora 




So sind die Zeichen in der Welt, der Wunder viele 
(Así son los signos en el mundo, muchos los prodigios) 
El viento en la terraza arrebata los prunus abrillanta los prunus 
¿Y nosotros? 
También nos abrillanta el viento del Oeste a nosotros del color 
de ciruelas 
Al filo de la tarde barrida acuchillada liberada del peso de la 
muerte 
Ahí están las islas, todas las playas y puntales y las islas de 
entonces y balandros y radas del recuerdo 
¿Qué son esos volantes? 
Sus certificados son de origen que garantizan su auténtica verdad 
Almacenadas en los almacenes y depósitos francos edificadas al 
final de los muelles 
Y el viento del Oeste impide discontinuo los sollozos las pausas 
Y la melancolía es una hoguera de piñas secas que explotan 
asustando a los gatos con su imprevista mala voluntad 
Y en las terrazas vacías entra luego la noche de abril 
Nubes de los nublados de abril que calan las baldosas de las 
solitarias terrazas vacías 
Y los toldos amarillos y las sillas blancas y las mesas blancas del 
próximo verano 
¿Y nosotros? 
Altísimo riela el sol marítimo en los pararrayos en los mástiles 
Y las antenas de la televisión captan bits y parábolas 
de 
los 
artificiales satélites del 
canal digital y el canal venal y del canal venial 
Oh lírica televisión que cancaneas como el mar! 
¿Ves las dunas ahí el puntal de crestas de maleza canosa que se 
adentra en la rada? 
Ahí están las islas las playas y puntales los balandros de entonces 
las regatas de entonces 
¿Y los impresos estos qué son estos volantes? 
Son los certificados de origen de las playas habladas las voces 
recordadas de la pleamar y el viento 
también almacenado en las grandes cisternas al final de los 
muelles ya contratado en firme 
con sus portes pagados los zapatos atados los pantalones 
planchados los responsos cantados! 
Y el viento del Oeste impide discontinuo los sollozos las pausas 
los misererenobis 
y la melancolía será una hoguera pronto de piñas secas que 
asustan a los gatos 
con su imprevista mala voluntad 
El viento en la terraza abrillanta los prunus arrebata los prunus 
¿Y nosotros qué? ¿Quién va a volver mañana? Igual nosotros no 
Un abuelo imagina que su futuro nieto y él mismo bajarán de 
Princesa andando hasta Rosales 
Y el viento del Oeste arrebata los prunus abrillanta los prunus 
Y el viento del Oeste impide discontinuo los sollozos las pausas 
los misererenobis 
No habrá lugar a dudas nosotros mismos no seremos ya nada no 
habrá lugar a dudas 
Y la melancolía sólo será una hoguera de secas piñas que 
explotan con imprevista mala voluntad 
Y asustan a los gatos 
Oh Señor no dejes que la melancolía desmienta el brillo de los 
prunus arrebatados por el viento del Oeste! 
¿Ves ahí el puntal de crestas de maleza canosa que se adentra en 
la rada? 
Ahí están las islas la bajamar los balandros las playas de entonces 
las regatas de entonces 




Las llanuras sin cesar me conmueven 
Los barbechos reverdecidos de después de la lluvia 
Y el opulento sol blanco del atardecer que encanece los chopos 
Las vías semovientes del Talgo como mensajes urgentes de 
paralelas encontradizas 
La lechada de cal del sol su último discurso 
Como un fruto acuoso que se desprende del firmamento 
malteado 
Que encanece hasta el diluido platino del aire las hileras de 
chopos 
Mi última victoria! 
En la estación de ferrocarril de Medina del Campo he regresado 
al cielo encapotado 
Las siluetas de los silos y las bandadas rezagadas de tordos otra vez 
Preceden al amenazante verdor gríseo de la noche ventosa 
He aquí mi juventud secretamente custodiada todavía por los 
faros de los automóviles 
De las carreterillas comarcales a cuarenta por hora!